El Real Murcia pidió de manera formal al Ayuntamiento de Murcia poder explotar comercialmente los bajos del estadio. Para eso necesita que se modifique el convenio de uso que hace unos años ya se tocó para darle viabilidad al club. Ahora la directiva pide un paso más para buscar una operación financiera, gracias a la modificación del convenio de uso del Enrique Roca de Murcia, que le ayude tener el suficiente dinero para negociar la deuda con Hacienda y establecer un convenio singular con las administraciones públicas. El mayor reto está en darle forma jurídica desde el ámbito público a esta cesión.
El estadio fue construido con la idea de ser una fuente de ingresos al margen de los partidos de cada fin de semana. Así lo concibió Jaime López Amor, el arquitecto que llevó a cabo la construcción del estadio. Desde la creación de un hotel o una sala de congresos, que fueron pensados desde el inicio cuando presidía el club Joaquín Romeu, hasta los proyectos presentes del gimnasio, la clínica de fisioterapia, Nueva Condomina está abierta a numerosas posibilidades de negocio.
La petición del Real Murcia no partía de cero. El convenio que regula la utilización de Nueva Condomina ya había sido modificado anteriormente para aumentar las posibilidades de explotación comercial y publicitaria del estadio por parte de la entidad. En enero de 2019 el club presentó una propuesta para modificar las condiciones de utilización y el Ayuntamiento terminó aprobando una adenda. La propia documentación municipal justificaba aquel cambio, entre otras razones, por la necesidad de aumentar las posibilidades de que la instalación reportara beneficios económicos al Real Murcia mediante determinadas explotaciones comerciales y publicitarias.
La pretensión de la directiva grana en 2021 iba bastante más lejos. El Real Murcia quería disponer durante un periodo prolongado del uso comercial de los bajos del Enrique Roca, cuya titularidad pertenece al Ayuntamiento de Murcia. Al ser una instalación municipal, el club no puede disponer libremente de esos espacios y necesita que el Consistorio modifique el marco jurídico que regula su utilización.
El asunto llevaba meses sobre la mesa. En mayo, el Consejo de Administración ya había trasladado al Ayuntamiento la necesidad de iniciar los trámites para incorporar al convenio la explotación comercial de los bajos. Una operación de este tipo había despertado incluso el interés de inversores privados que contemplaban desarrollar una zona comercial en el estadio a cambio de facilitar una solución financiera para afrontar la deuda pública del Real Murcia.
Con la llegada de Agustín Ramos a la presidencia, el proyecto siguió adelante. En julio, después de una reunión entre los responsables murcianistas y el alcalde José Antonio Serrano, el Ayuntamiento se mostró dispuesto a estudiar la propuesta. Las estimaciones manejadas entonces dentro del club consideraban que una concesión comercial a largo plazo podía tener un valor muy elevado y generar una cantidad suficiente para abordar una negociación global de la deuda pública.
El siguiente paso llegó durante el otoño. Los servicios jurídicos del Real Murcia prepararon una petición para ampliar los metros sobre los que el club podía ejercer derechos de utilización, superando los espacios destinados fundamentalmente a oficinas y dependencias propias de la actividad deportiva. La solicitud formal para modificar el convenio fue impulsada a comienzos de octubre.
El Ayuntamiento, no obstante, quiso marcar desde el principio los límites de cualquier acuerdo. El alcalde José Antonio Serrano manifestó públicamente que el Consistorio estudiaría la explotación de los bajos, pero advirtió que no permitiría operaciones especulativas utilizando un inmueble de propiedad municipal. La dificultad fundamental era encontrar una fórmula jurídicamente válida que permitiera al Real Murcia obtener rendimiento económico de esos espacios sin perder de vista que el estadio pertenece al Ayuntamiento.
El objetivo final de los dirigentes murcianistas es conseguir una solución estructural y no únicamente liquidez para afrontar las necesidades inmediatas del club. La explotación comercial del Enrique Roca podría servir como activo sobre el que articular una operación financiera y facilitar posteriormente la negociación con Hacienda y la Seguridad Social, dos de los principales acreedores de una entidad cuya deuda pública condiciona su funcionamiento económico.
El proyecto recupera, además, parte de la filosofía con la que fue concebida Nueva Condomina. Jaime López-Amor, arquitecto responsable del estadio, diseñó un recinto con posibilidades que trascendían la celebración de encuentros de fútbol. El propio López-Amor recordaba en octubre de 2021 el proceso de creación del estadio y las posibilidades que contemplaba el proyecto original.
La pelota queda ahora en el tejado del Ayuntamiento. El Real Murcia necesita una modificación del convenio que le proporcione seguridad jurídica y un horizonte temporal suficientemente amplio como para que la explotación comercial resulte atractiva para posibles inversores. Si las partes encuentran la fórmula adecuada, los bajos de Nueva Condomina podrían convertirse, quince años después de la inauguración del estadio, en una de las principales herramientas para resolver el histórico problema económico del club.

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